El marisqueo, tal y como está organizado actualmente, carece de futuro económico. Sin embargo, paradójicamente, son las y los consechadores los que más se resisten a racionalizar las explotaciones
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La propiedad pública es de todos, pero si me puedo beneficiar de ella y además lo hago sin asumir responsabilidades, ¡mejor! Este es, en resumen, el silenciado criterio que hasta ahora han impuesto en Galicia un sector del colectivo de mariscadores/as y las empresas --incluidos inversores ajenos al sector-- que han instalado piscifactorías en fincas de litoral cedidas o habilitadas por la Administración. Reales y supuestos mariscadores/as --cuyos censos jamás han sido realmente controlados por la Administración-- detentan para sí y en exclusiva el derecho a recolectar bivalvos en determinadas zonas de costa y, además, exigen que el erario público siga costeando sine die la vigilancia, la repoblación de especies y, si es preciso, que la caja común abone compensaciones económicas personales en caso de inundaciones, riadas u otros desastres naturales.
¿Por qué no contratan polizas de seguros y orquestan sistemas autogestionarios? La respuesta es sencilla, pero conviene silenciarla. ¿A quién conviene?
En paralelo, las concesiones a las piscifactorías han sido de tal magnitud y se han otorgado con tan escasas obligaciones, que hay quienes ya consideran normal que el patrimonio natural de propiedad pública esté a disposición de cuanto inversor lo reclame.
Una y otra actitud, la de ciertos mariscadores/as y la de algunas compañías dedicadas a la piscicultura, parten de la misma tesis: la propiedad pública es de todos, pero si es mía o me la dejan explotar en mi beneficio personal, ¡mejor!
¿Por qué el cultivo de bivalvos en las playas de Zelanda (Holanda) da trabajo e ingresos estables a decenas y decenas de familias y, en cambio, el rico litoral gallego es fuente de mil y un conflictos absurdos que son propios del Neolítico?
Las cofradías, que tal como están concebidas son los sindicatos verticales heredados del régimen nacional-sindicalista que impuso la Falange franquista, crearon un sistema de explotación de los bancos marisqueros que carece de racionalidad y que, por tanto, no tiene futuro. Los años pasan y hay quienes siguen sin entenderlo, prefieren no entenderlo, o sencillamente es más rentable no entenderlo... ¡Rentable para unos pocos!, claro está...
Por Félix Soria *Sección/es Economía, Galicia/Galiza
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