EL INFORME sobre la corrupción en 62 países de la acreditada Transparency International nos dice que la media europea de satisfacción ante la lucha gubernamental contra esa lacra se queda en el 4%, en tanto en España la valoración se eleva al 18%. Dado que cuando se hizo el trabajo de campo apenas se había producido otra medida significativa que la operación Malaya marbellí, el hecho viene a corroborar la impresión de que aquélla podría ser una referencia altamente satisfactoria para la ciudadanía.
Lamentablemente, sólo la espectacularidad de alguna iniciativa anticorrupción parece dejar más o menos tranquilos a buena parte de los españoles, más allá de la eficacia y la extensión requerida para un fenómeno que cualquiera puede sospechar que tiene un alcance extraordinario. Días atrás, un contertulio televisivo que hablaba de corrupción, en un momento dado, preguntaba dirigiéndose a los espectadores: ¿Usted se fía de su alcalde? ¿Qué habría pasado de contestarle los televidentes en número significativo? El líder de IU le acaba de pedir más medios al fiscal general para luchar contra la corrupción. Casi todos conocemos en nuestro entorno enriquecimientos acelerados y sospechosos, que en muchas ocasiones podrían tener tras de sí comportamientos corruptos. El mismo fiscal, Conde Pumpido, ha tranquilizado a un Jaume Matas en los últimos tiempos muy inquieto con el tema, asegurándole que no se va a ordenar ninguna entrada en otros ayuntamientos de Baleares por casos de presunta corrupción, compromiso que adquiere en tanto el PSOE de las islas anuncia que está acumulando documentación para denunciar a varias corporaciones controladas por el PP.
Nos podemos encontrar con que la operación Malaya al final sirva poco más que para mejorar los resultados de una encuesta, si la investigación contra la corrupción no tiene la continuidad que merece en los cuatro puntos cardinales del país. Y la eficacia, naturalmente.
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• La Voz de Galicia