LA CONSTRUCCIÓN EN LA COSTA
Dicen los entendidos que el sector de la construcción es el gran dinamizador de la economía de un país. Porque mueve mucho dinero, da trabajo a mucha gente y repercute de forma importante en otros sectores.
Estamos viviendo unos momentos de febril actividad constructora en la costa lucense. Precisamente allí en donde el territorio es más sensible y el urbanismo causa mayor impacto. Y mucha gente, promotores, alcaldes, obreros, propietarios e inversores se felicitan por ello. Los promotores, por los suculentos beneficios que obtienen. Los alcaldes, por los muchos ingresos que se generan para las arcas municipales. Los obreros, por el trabajo estable que los aleja de las listas del paro. Los propietarios del suelo, por las suculentas plusvalías que generan sus propiedades. Y los inversores, porque son bienes tangibles en los que el dinero derivado de las plusvalías crece más que los intereses que pagan los bancos.
Pero, mientras la construcción aumenta, parece que los demás sectores productivos no crecen en la misma medida, lo que conduce a una balanza comercial deficitaria. Parece como si la vida económica de esta comarca se basara más en la especulación del ladrillo que en la productividad del trabajo.
¿No estaremos ante una burbuja inmobiliaria en la que muchos pueden quedar atrapados? ¿Es necesaria esta masiva construcción de viviendas y es esta la respuesta lógica a la escasa productividad de esta comarca y a las necesidades de la actual población? Una gran parte de esas viviendas no parecen ser necesarias, porque su uso está destinado a segunda residencia de forasteros o a inversión. Se trata de invertir, aprovechando el bajo precio de la moneda. Falta un estudio de las necesidades reales de vivienda en esta comarca. ¿Se sabe cuantas de estas van a quedar vacías? ¿Qué pasará si un día deja de haber compradores para invertir y los clientes se acaban?
Las respuestas a estas preguntas no parecen ser fáciles ni alentadoras. Las leyes del marcado no son constantes. Puede escasear el trabajo o encarecerse el dinero, o las dos cosas. Y cuando los bancos corten el grifo o el paro aumente, ¿quién va a comprar las viviendas? Porque la capacidad de endeudamiento de los inversores puede fallar algún día. Y si eso ocurre quedarán muchas viviendas vacías y sin ninguna finalidad. Mucho dinero invertido que tenía que estar en la industria y en los servicios. Y el litoral desfigurado por el cemento. Y donde hay cemento no hay naturaleza, ni crecen las plantas, ni existe la vida. Estamos ante una frenética actividad especuladora, dándose la paradoja, en contra de la ley del mercado, de que cuanto más se edifica, más cara es la vivienda. Se permite que las constructoras campeen sin control por la costa, sabiendo que no pueden decidir sobre el paisaje o el medio ambiente, porque eso es patrimonio de todos. Falta una planificación que tenga en cuenta las necesidades reales de la población residente, sin capacidad para asumir la construcción de tantas viviendas.
¿Qué actuaciones reguladoras se esperan de los gobiernos? La política de protección del medio ambiente, o no existe o no controla este fenómeno. Los alcaldes están deslumbrados por el fenómeno del crecimiento y por los beneficios que de el se derivan para sus arcas municipales. Pero ni contemplan la enorme carestía de vida que tal crecimiento va a provocar entre la población residente, afectando su capacidad adquisitiva, así como el acceso a una vivienda, ni la limitación de los recursos y los servicios que se van a necesitar.
Lo poco que aún queda sin construir en la cosa lucense corre un grave peligro. Cuando todo esté construido se habrá acabado la gallina de los huevos de oro. Y entonces la sociedad se dará cuenta de que somos más ricos, pero no más felices.- José Mª RodrígueZ