Hace ya tiempo se celebró en Santiago una cumbre entre la Xunta y el Principado. Su objetivo el futuro de la ría de Ribadeo. Los acuerdos tomados allí, pareace que se han esfumado. Una actuación destinada a crear imagen, como se hizo otras veces. Lo único que teranscendió, y que fue muy comentado, fue el lapsus, ¿intencionado?, del Sr Pérez Touriño, repetido insistentemente, después, en Ribadeo, que le cambió su nombre por el de Ría del Eo. Lamentablemente, poco esl o que sabemos de lo acordado en la cumbre. Un aparente fracaso total, puse, lo que menos importa, en todo caso, es su nombre. Lo que importa es tratar de salvarla de las constantes agresiones que sufre.
Son muchos los peligros y agresiones a los que nuestra Ría se vio sometida en estos últimos tiempos. Y son muchos los que se le avecinan en el futuro si no se les pone remedio. Tratar de evitar que la Ría se siga utilizando según los caprichos de intereses privados, como hasta ahora, debía ser una prioridad para todos.
Se podría hablar de la incomparable belleza de nuestra Ría. De la importancia que tiene para los pueblos de ambos lados de us orillas, por sus posibilidades turisticas, pero no es el momento.
Es el momento de hablar del tributo que nuestra ría ha tenido que pagar a la especulación y al progreso mal entendido. La hemos visto caer, poco a poco, bajo la presión especulativa del hombre que le ha hincado sus garras para utilizarla en su provecho.En poco tiempo hemos sido testigos, mudos, de la destrucción de sus cantiles y calas, de sus canales y playas, de los cambios de sus corrientes y sus tesones, de sus rellenos y de la desaparición de sus mariscos. Y todo ello, victima de un falso progreso y de intereses privados, que acabaron deteriorando su fisonomía tradicional y su incomparable belleza.
Y ya en estos últimos tiempos, y a pesar de las engañosas promesas de los gestores municipales, se le ha ido robando cada vez más superficie para convertirla en escolleras, aparcamientos de lanchas, explanadas para edificios, pabellones industriales y aparcamientos de coches. Como si en tierra no hubiera sitio para esas cosas. Y todo eso con la anuencia de nuestros gestores y bajo el falso pretexto de que el progreso lo exige.
La investigadora Silvia Piedra-cova afirma, en un reciente estudio cientifico que constituye su tesis doctoral, que "el proceso de relleno de la ría continúa en la actualidad"¿Quién es el responsable?
¿Que futuro le espera a nuestra Ría? Porque, si no se le pone freno a la especulación, le seguiremos robando espacio y deteriorando, con el falso pretexto de satisfacer las necesidades humanas, que nunca tiene límite. Necesidades que no son tales. Es el culto al dinero que se esconde detrás. En una palabra, seguiremos especulando con nuestra ría, a pesar de todas las Agencias 21. los Convenios Ramnsar, la Red Natura 2000. las Jornadas Medioambientales, las banderas azules, y otras parafernalias al uso. Títulos utilizados solo para la imagen. Véase, sino el respeto que merecen estas calificaciones de protección en el caso de la piscifactoria de Rinlo.
Y como era de esperar, ahora aparecen los de la otra orilla. Pretenden instalar en sus dominios sendos puertos deportivos, a imitación del de Ribadeo. Y están en su pleno derecho. La ría también es de ellos. Pero los de Ribadeo protestan. Celosos de su negocio, quieren evitar la competencia. Es el fruto de los malos ejemplos.
Ante esto, una cosa está clara: que nuestra ría necesita una tutoría que la defienda de los atropollos y los abusos de los deprededarores y desaprensivos, que pretenden medrar a su costa. El Principado y la Xunta deben llegar a un acuerdo para crear un órgano intrcomunitario, que regule su uso y la defienda de las constantes agresiones que sufre. Esto es lo que falta. Como los teólogos de la Edad Media, que se pasaban el tiempo discutiendo sobre el sexo de los angeles, así, también esta cumbre, celebrada entre las dos autonomías, parece haber pasado, sin pena ni gloria, discutiendo sobre su nombre. Y, mientras tanto, nuestra ría seguirá convertida en un bien de consumo, en manos de los especuladores si nosotros no lo impedimos.